
Este texto escrito por Eugenia Jiménez Gallego nos habla sobre un tema tan actual y preocupante hoy en día como es la generación Ni-Ni, jóvenes que ni estudian ni trabajan y lo único que hacen es ir de fiesta y revelarse contra el mundo.
Según esta psicóloga, el número va en aumento y la mayor parte de la culpa es de los padres que los malcrían dándoles todo y no les someten a responsabilidades ni obligaciones. De esta forma, crecen sumidos en una burbuja en la cual se piensan el centro y creen que por el hecho de existir ya se lo merecen todo.
Viven ciegos “aprovechando el presente” como ellos dicen, pero sin pensar en el futuro.
Llega una edad en la que ya debemos de ser capaces de diferenciar los momentos en los que debemos de hacer algo aunque no nos apetezca (como estudiar, trabajar o ganarse la vida de alguna forma) y cuáles son los momentos de diversión. Porque nadie reprocha que quieran disfrutar y pasárselo bien, de hecho, eso es lo que queremos todos. Pero la mayoría hemos madurado y aprendido a que todo lo que te esfuerces y sacrifiques hoy es tiempo bien empleado para hacerte un poco más fácil el porvenir.
¿Perderse una gran fiesta porque al día siguiente tienes examen? Ni siquiera debería plantearse como un problema. Fiestas hay siempre, la oportunidad de labrarse un futuro sólo se presenta una vez.
Eugenia plantea que el motor principal de este comportamiento es la sobreprotección de los padres y el haberles dado todo lo que pedían, sin que les costara un esfuerzo, sin luchar por ello. Y como consecuencia, en cuanto algo les supone un trabajo lo dejan y no se implican totalmente en nada de lo que hacen.
Esto se debe principalmente a que esos mismos padres de pequeños vivían en malas condiciones en el seno de una familia sin demasiados recursos y no quieren que sus hijos pasen por sus mismas penurias. De esta forma, acceden a todos los caprichos de éstos y son tratados como los reyes de la casa.
En cambio, los jóvenes de los que hablamos suelen no estar agradecidos por ello y cada vez exigen más a sus progenitores y demás familia hasta que la situación se vuelve insostenible y es cuando los padres van en busca de ayuda sin saber que han sido ellos los que han provocado tal situación.
Pero también hay que evidenciar una cosa, ellos no son los que tienen toda la culpa. La escritora de éste artículo machaca que los hijos se forman según la educación con la que son criados pero una cosa es cierta, hay muchas familias en las cuáles se ha criado exactamente igual a los hijos y algunos salen rebeldes mientras que otros se vuelven gente de provecho. Es por esta afirmación que creo que también depende un poco de la persona que se trate y que hay algunos que nada más nacer están destinados a ser personas cómodas e irresponsables aunque sus padres se esfuercen por lo contrario.
Además no todos los Ni-Ni provienen de familias que se lo han dado todo. También hay muchos que justo les ha ocurrido lo contrario. Nunca han tenido durante su infancia la experiencia de un entorno familiar bien formado donde se les haya querido, si no que se forman en las calles sin el calor de un hogar de verdad.
Son el resultado de padres que se desentienden de ellos o que, por temas de trabajo, casi no conocen a sus hijos. Son jóvenes que, no es que no se preocupen por su futuro, si no que de tantos palos cómo les ha dado la vida, no se muestran ilusionados por nada que no sea el día a día.
La solución no es tener con ellos “mano dura” simplemente educarlos desde niños a respetar y luchar por lo que desean, a pensar en el porvenir y ser conscientes de que no van a poder mantenerlos para siempre, que tienen que formarse para ser capaces de enfrentarse a la vida con fuerza y la frente alta.
También tenemos que ser conscientes de que no podemos dejar ningún caso por perdido, que hay que ayudar a mejorar a todos los que necesitan ayuda, que piden una segunda oportunidad para mostrase como son en realidad pero sobre todo, que hay que esforzarse al máximo en la base, en la fase de crecimiento y educación para que los padres aprendan cómo lo tienen que hacer, qué cosas pueden permitir y cuáles no, a cómo imponer su autoridad y sus normas.
Para concluir decir que me parece mal que la gente generalice, tachándonos a todos los adolescentes de hoy como vagos, descentrados y “porretas” pues aunque bien sabemos que nuestra vida es mucho más fácil que la que tuvieron nuestros padres y abuelos, la mayoría nos esforzamos por ser personas de provecho en el mañana y no nos dejamos caer en todas las tentaciones que nos rodean que, desafortunadamente, no son pocas.


